Campamentos

Experiencias en los campamentos de Tindouf

jaima1Mi primer contacto con los campamentos de refugiados se produjo en el viaje que realizamos mi hija y yo en abril del 2.000.

Salimos hacia el Aeropuerto de El Altet en Alicante, hacia las 8 de la mañana, con gran nerviosismo y miedo por lo que iba a ser nuestro primer contacto directo con lo que llamamos el tercer mundo, un campamento de refugiados en lo mas inhóspito del desierto argelino, LA HAMADA, cargados de un equipaje repleto de ropa y comida para dárselo a nuestro “hijo saharaui” y a la vez que asustados, llenos de ilusion y alegria por volver a verlo.

Tengo que decir que gracias a las Líneas Aereas Argelinas, llagamos a Tindouf a las 6 de la tarde, cansados y con algo de ira por los retrasos en el vuelo.

Cuando bajamos del avión, la primera impresion ya fue impactante. Una bofetada de calor nos dio de lleno en la cara diciendonos que aquello era un DESIERTO y cuando entramos en las dependencias del aeropuerto, que habíamos retrocedido en el tiempo unos 50 años.

Nos estaban esperando unos camiones para llevarnos cada uno al campamento donde tendríamos que pasar los cinco días mas intensos y enriquecedores que he pasado en mi vida.

No sin grandes dificultades por lo sinuoso del camino y por los pocos medios de que disponen los organizadores para poder distribuir a los 250 pasajeros que íbamos en el avión, hacia las 8 de la tarde, 12 horas después de salir de mi cómoda casa llegamos a la jaima de Lehbib.

Nunca olvidare la cara de sorpresa y felicidad que puso ese muchacho al vernos salir del coche, a Nuria, mi hija, y a mi. Fue la primera vez que se me llenaron los ojos de lágrimas.

Estaba casi anocheciendo y no disponían de ningún tipo de luz en su casa. Se me callo el alma al suelo. Como podían, ya que ninguno de ellos hablaba español, nos invitaban a pasar a la jaima. No nos atrevíamos, aquello parecia la cueva de un lobo, no podíamos ver lo que había dentro.

No pasaron ni 5 minutos de estar allí, en la calle, dándonos la bienvenida, y ya le habían llevado los vecinos luz, habia venido una persona que hablaba castellano, …. un revuelo de gente, risas, calor humano, comida, agua embotellada …, invadio nuestro entorno.

A la luz de un pobre camping-gas, no pararon de obsequiarnos con lo poco que tenían para hacernos sentir lo mas comodos posible, y vaya si lo consiguieron… Hasta dos días despues de estar allí, no nos dimos cuenta de que parte de las personas que dormimos en la jaima, no eran siquiera de la familia, que estaban allí solo para darnos compañia y obsequiarnos con lo mejor de ellos, su amistad.

Hacia las 3 de la madrugada, despues de tomarnos pipas saharauis y el obligado té, pudimos acostarnos a descansar.

Aquella noche apenas dormí pensando en el día que había tenido. Hacía mucho frio y una mujer no dejó de rezar en toda la noche. Luego me enteré que era la madre de Lehbib, que rezaba para que no nos pasara nada, estuvieramos bien y no cayéramos enfermos. Bendita mujer…

image06Por la mañana, después del desayuno, la tienda era un revuelo de personas que venían a ver a los españoles que habían venido.

Fuimos a comprar en un zoco, una batería para instarles una placa solar que le habíamos llevado y a Juera, la madre de Lehbib, le saltaban las lágrimas a borbotones -nunca olvidaré que habéis traído la luz a mi casa dijo.

En el camino visitamos el colegio. Nunca había visto nada que se le pareciera tan poco a un colegio como los de España, que ese. Apenas tenía luz natural, las paredes estaban sucias y mal pintadas…, los niños se arremolinaban en torno nuestro pidiéndonos caramelos y preguntando de donde éramos y si conocíamos a fulano de tal o a mengano de cual. No podían entender que si éramos de Alicante no conociéramos a la familia con la que habían pasado el verano…

Cuando volvimos con la batería, ya nos habían comprado una melfa, para mi hija y una darrá para mí. Que gente…, no pararon de comprarnos cosas hasta que nos fuimos.

A pesar de la insistencia en que no lo hicieran, nos sacrificaron una cabra, para festejar nuestra llegada. Hay que tener en cuenta que, para ellos, el poder comer carne, ya es una fiesta en sí, y que matar a una cabra, tal vez suponga, la comida de toda la familia de un mes.

Los días transcurrían entre té y té, entre excursión y excursión.

Nunca olvidaré ese cielo estrellado, la inmensidad de la Hamada, la hospitalidad de las personas que conocimos y me llevo la impresión de que me he traído a España muchas mas cosas de las que me llevé en mi equipaje.

Me han hecho ver la vida desde otro punto de vista: las cosas materiales no valen nada, si no se posee el corazón y la posibilidad de compartirlas con otras personas.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información ACEPTAR

Aviso de cookies